Karl-Heinz Ott

Cargo:
Filósofo, dramaturgo, novelista y ensayista
Correo:

Nació en 1957 en Ehingen, en la región del Danubio. Estudió Filosofía, Filología Alemana y Musicología en la Universidad de Tubinga. Ha sido director musical en varios teatros, entre ellos el Teatro de Friburgo; y director teatral de la Ópera del Teatro de Basilea y del Teatro Neumarkt de Zúrich. Desde 1997 es escritor independiente. Entre sus novelas se hallan: Ins Offene (A campo abierto, 1998), Endlich Stille (Por fin silencio, 2005), Die Auferstehung (La resurrección, 2015), Die Heilung von Luzon (La curación de Luzón, 2025). Y entre sus libros de ensayos: Tumult und Grazie – Über Georg Friedrich Händel (Tumulto y gracia. Sobre Georg Freidrich Händel, 2008), Rausch und Stille – Beethovens Sinfonien (Embriaguez y silencio. Las sinfonías de Beethoven, 2018), Hölderlin Geister (Los espíritus de Hölderlin, 2019), Verfluchte Neuzeit. Eine Geschichte des reaktionären Denkens (La maldita modernidad. Una historia del pensamiento reaccionario, 2022). Es miembro de la Academia de Ciencias y Literatura de Maguncia y de la Academia Bávara de Bellas Artes. Ha recibido muchos premios, el último de cuales ha sido el Premio Joseph Breitbach (2021).

En la noche todos los gatos son pardos. Filosofar en la oscuridad

La filosofía siempre ha valorado la luz. No fue solo la época de la Ilustración —Le siècle des Lumières (El Siglo de las Luces)— la que proclamó orgullosamente la victoria de la luz sobre la oscura Edad Media. Ya desde los inicios de la filosofía la luz desempeñó un papel significativo. De Platón procede, además de la “alegoría de la caverna”, el “símil del sol”. Dado que la luz hace visibles las cosas, representa el conocimiento y la claridad. Sin embargo, también hay voces que advierten que con ello todo lo oscuro, enigmático y misterioso queda devaluado. Además, algunos filósofos subrayan que bajo todo lo claro y transparente se abre el abismo del no-saber.

Fotografía: ©️ Betty Einhaus